Entre mi realidad y yo

El mundo cada día es más.

Más noticias y sucesos con los que estar al día, más temas sociales de los que desarrollar una opinión, más productos que consumir, más cosas que aprender. Más información que necesitamos tener en cuenta para seguir funcionando al mismo nivel.

Y las personas parece que, cada día, somos menos capaces de lidiar con ello. Vivimos inmersos en una realidad tan inabarcable que termina paralizándonos.

Renovamos los aparatos electrónicos constantemente para que puedan seguir respondiendo a los avances tecnológicos. Para nuestro cerebro, sin embargo, no hay reemplazo. No hay una actualización de software esperando para arreglar los bugs, ni podemos reiniciarlo cuando se queda atascado.

¿Nos estamos quedando obsoletos para el mundo que hemos creado?

Creo que sí, en cierto modo. Pero, como suele pasar con los humanos, no es un problema de recursos, sino de estrategia. Así que es hora de dejar de mirar solo hacia fuera.

Tenemos un ordenador en la cabeza que es increíble procesando información y conectando ideas cuando dejamos espacio para ellas, pero que se satura si está sobreestimulado, que se estresa cuando se mueve en un entorno que no controla ni comprende, y que colapsa cuando intentamos usarlo como recordatorio de tareas.

Para sacarle el máximo potencial, tenemos que aprender a jugar según sus reglas.

A no engañarnos pensando que podemos con todo, sea lo que sea, sino mirar el mundo como es y actuar en consecuencia.

¿Quieres conseguir mejores resultados trabajando menos y sin estrés?

Haz las cosas de una en una, protege tu capacidad de concentración, limita las interrupciones, mantén las entradas de información bajo control, organiza los recordatorios para verlos cuando haga falta (ni más ni menos) y escoge con cabeza lo que haces en cada momento y lo que no.

Para eso no necesitas la ultimísima aplicación del mercado, con inteligencia artificial, gamificación y la posibilidad de añadir gifs en los comentarios.

Solo algo para apuntar y un puñado de listas. Un calendario, si me apuras. Pero, sobre todo, necesitas pensar en cómo los usas.

Es la diferencia entre dejarnos llevar y diseñar nuestra forma de trabajar.

Necesitamos dejar de lado las notificaciones, el tener el chat de empresa siempre abierto de fondo, el usar el correo electrónico y los archivos desperdigados por el escritorio como recordatorios.

Nuestro cerebro no va a ser capaz de mantenerse al día si tiene la atención puesta en mil sitios a la vez. Cuanto más frentes tengamos abiertos, más descontrol, más ansiedad y estrés. Y eso pasa factura más pronto que tarde.

Para eso nos sirve organizarnos, escoger poner un filtro y ver en cada momento solo la información que necesitamos. Y dejar margen para que nuestro cerebro pueda escoger en qué trabajar, concentrarse y avanzar.

No es solo cuestión de productividad y efectividad, hablamos de salud mental.

Eso es un sistema de gestión personal, un apoyo.

Una forma de protegernos de nuestras propias limitaciones en un mundo caótico e inabarcable.

Un intermediario entre la realidad y yo.

Ni más, ni menos.

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